La droga

No es un sistema económico que condena a la pobreza y la miseria a las grandes mayorías, al mismo tiempo que exalta el consumo como la clave del éxito y la felicidad; no, es “la droga”.

No es la desestructuración de las familias que en muchos casos han dejado de cumplir sus funciones básicas de referencia identitaria, de provisión de necesidades materiales y de afecto, de educación y contención; no, es “la droga”.

No es la prohibición, que ha llenado las calles de muertos y las cárceles de usuarios que nunca perjudicaron a nadie, creando un negocio fabuloso para las mafias y las fuerzas represivas del Estado, dos organizaciones simbióticas que se retroalimentan en la mutua necesidad de que todo siga como está; no, es “la droga”.

No, no es la prohibición, que obliga a los usuarios, para ejercer su inalienable derecho humano de hacer lo que les plazca con sus cuerpos sin dañar a otros, a recurrir al mercado negro, sin garantías para su salud o su seguridad, sin saber realmente qué porquería adulterada están comprando a precios inflados; no, es “la droga”.

No, claro que no es la prohibición, que ha diseminado por décadas mentiras y medias verdades sobre las sustancias y sus efectos, sus usos, sus peligros y sus beneficios, que ha sembrado paranoia, moralina barata y miedos que se nutren en profundos prejuicios hacia “el otro”: el joven, el pobre, el extranjero; no, es “la droga”.

No es un sistema de enseñanza que no se decide a formar profesionales y educar de una buena vez con información científica y veraz, respetando el derecho de los jóvenes a la autodeterminación y la libertad, que sólo puede tener como base el conocimiento crítico y sin prejuicios (como tanto ha costado lograr con la educación sexual); no, es “la droga”.

No es un sistema sanitario que estigmatiza, rechaza y culpabiliza al usuario, alejándolo de sí y privándolo de su derecho a una atención digna, con terribles consecuencias para su salud y su libertad; no, es “la droga”.

No son las dificultades psíquicas y emocionales de las personas para establecer vínculos saludables con el mundo que las rodea; no, es “la droga”.

“La droga” no es un síntoma, no; es la causa de los males sociales, y si se trata de jóvenes, peor aún.

“La droga” nunca es el alcohol ni el tabaco ni los psicofármacos, cuyo mal uso enferma y mata mucho más que la mayoría de las drogas ilegales.

Pero “la droga” no existe, “la droga” no tiene sustancia; “la droga” es un comodín, un fetiche, un significante vacío a ser rellenado con prejuicios clasistas, racistas, xenófobos y generacionales a gusto del ignorante que cree estar informado porque nunca se pierde el noticiero de las siete.

Porque fabricar un chivo expiatorio a medida de la moral de la culpa, de la represión estatal y del control social es mucho más fácil que ocuparse de las raíces podridas de nuestra sociedad, y mucho más conveniente que vivir y dejar vivir.

confession_goat

Anuncios

Publicado por

Diego Estin Geymonat

Docente de Historia y estudiante de Psicología. Montevideo, Uruguay.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s