Saber sólo un relato (John Michael Greer)

(Artículo original: http://thearchdruidreport.blogspot.com.uy/2006/05/knowing-only-one-story.html)

El camino del Druida puede seguirse en cualquier lugar, pero para mí, al menos, siempre es un poco más fácil afuera entre cosas verdes y vivas. Eso no requiere una selva; algunas de las experiencias más transformadoras de mi propio sendero druídico tuvieron lugar en una semana de meditaciones al amanecer en los jardines de Chalice Well en Glastonbury, que no ha sido una selva en ningún momento en los últimos cinco mil años. Aún así, hay mucho que decir de un prado de calas en las cascadas de Oregon, con el sol justo empezando a brillar a través de la niebla matutina y los ruidos lejanos de los encargados del desayuno en el campamento ahogados por el canto de los pájaros y el agua corriendo. Ahí estaba yo, en medio de mi meditación del amanecer, cuando tres frases se susurraron a sí mismas en el silencio dentro de mi cabeza.

Saber muchos relatos es sabiduría.

No saber ningún relato es ignorancia.

Saber solo un relato es muerte.

He estado reflexionando sobre esas frases durante el año y medio desde esa mañana, y cuanto más pienso en ellas, más me dicen dónde estamos hoy y cómo llegamos aquí.

Las culturas tradicionales de todo el mundo tienen una gran cantidad de relatos y una gran parte de la educación en esas culturas consiste en compartir, aprender y pensar en esos relatos. No son simplemente entretenimiento. Los relatos son probablemente la más antigua y más importante de todas las herramientas humanas. Pensamos con relatos, ajustando la “floreciente, zumbante confusión” del universo que nos rodea en patrones narrativos que hacen que el mundo tenga sentido. Incluso hoy, usamos relatos para decirnos quiénes somos, cómo es el mundo y qué podemos y qué no podemos hacer con nuestras vidas. Es sólo que hoy en día los relatos han cambiado.

Una de las cosas más sorprendentes de los relatos antiguos, los relatos de las culturas tradicionales, es que ninguno de ellos tiene la misma moraleja. Piensa en los cuentos de hadas con los que creciste. Ponen a personas diferentes en situaciones diferentes con resultados muy diferentes. A veces violar una prohibición trajo éxito (“Jack y las habichuelas mágicas”), a veces trajo desastre (“Bella Durmiente”). A veces la victoria fue a la humilde y paciente (“Cenicienta”), a veces fue al que estaba dispuesto a intentar lo imposible (“El gato con botas”). Hay temas comunes en los viejos relatos, por supuesto, pero variaciones sin fin sobre ellos. Esas diferencias son una fuente de gran poder. Si tienes una gran cantidad de relatos diferentes con los que pensar, es probable que sea lo que sea que el mundo te lance, serás capaz de encontrar un patrón narrativo que le dé sentido.

Sin embargo, a lo largo de los últimos siglos, el enfoque narrativo múltiple de las culturas tradicionales ha cedido, especialmente en el Occidente industrial, a una forma de pensar que privilegia un solo relato sobre todos los demás. Piensa en cualquier ideología política o religiosa actualmente popular, y probablemente encontrará en su centro la afirmación de que uno y solo un relato explica todo en el mundo.

Para los cristianos fundamentalistas, es el relato de la Caída y la Redención que termina con la Segunda Venida de Cristo. Para los marxistas, es el relato muy similar del materialismo dialéctico que termina con la dictadura del proletariado. Para los racionalistas, los neoconservadores, la mayoría de los científicos y un buen número de personas corrientes en el mundo desarrollado, es el relato del progreso. La izquierda política y la derecha cada una tiene su propio relato, y la lista continúa.

Un síntoma de saber sólo un relato es la certeza de que, independientemente del problema que surja, tiene la misma solución. Para los cristianos fundamentalistas, no importa cuál sea el problema, la solución es entregar su voluntad a Jesús o, más precisamente, al tipo que sostiene poder decirte a quién Jesús quiere que votes. Para los marxistas, la única solución para todos los problemas es la revolución proletaria. Para los neoconservadores, es el mercado libre. Para los científicos, es más investigación y educación científicas. Para los demócratas, es elegir a los demócratas; para los republicanos, es elegir a los republicanos.

El problema es que el universo es lo que los ecologistas llaman un sistema complejo. En un sistema complejo, los circuitos de retroalimentación y las consecuencias inesperadas se burlan de los intentos simplistas de predecir los efectos a partir de las causas, y ninguna solución responderá eficazmente más que a una pequeña parte de los desafíos que el sistema puede lanzarle. Esto conduce al segundo síntoma de saber sólo un relato, que es el fracaso reiterado.

La historia económica reciente ofrece un buen ejemplo. En los últimos dos decenios, los defensores del mercado libre en el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han impulsado un conjunto particular de reformas en los gobiernos y las economías de todo el mundo, insistiendo en que estas reformas son la única solución para cada mal económico. En todos los lugares que han sido plenamente implementadas, el resultado ha sido un desastre económico y social -piensen en Asia oriental a finales de los 80, o Rusia y América Latina en los 90- y los países devastados por estas “reformas” han regresado a la prosperidad sólo después de revertirlas. Nada de esto ha impedido a los verdaderos creyentes del libre mercado continuar presionando hacia la Utopía imaginaria que su relato les promete.

Si conoces muchos relatos y sabes cómo pensar con ellos, la complejidad del universo es menos problemática, porque tienes muchas más posibilidades de reconocer el relato que el universo parece estar siguiendo y actuar en consecuencia. Si no sabes ningún relato en absoluto, curiosamente, puedes todavía salir airoso; aunque no tengas los recursos de la sabiduría de los relatos para aprovechar, todavía puedes juzgar la situación por sus propios méritos y actuar en consecuencia; tienes flexibilidad.

Pero si sólo conoces un elato y estás comprometido con la idea de que el mundo tiene sentido si y sólo si se interpreta a través del filtro de ese relato, estás atrapado en una postura rígida sin opciones de cambio. Mucho más a menudo que no, fracasas, ya que la complejidad del universo es tal que ningún relato único sirve de herramienta útil para entender más que una parte muy pequeña de ella. Si puedes reconocer esto y desprenderte de tu relato, puedes empezar a aprender. Si has envuelto tu ego en la idea de poseer el único relato verdadero, sin embargo, e intentas forzar al mundo para que encaje en tu relato en vez de permitir que tu relato cambie para que encaje en el mundo, los resultados no serán buenos.

Esto conduce al tercer síntoma de saber sólo un relato, que es la ira. El fracaso es un regalo porque ofrece la oportunidad de aprender, pero si el regalo es demasiado difícil de aceptar emocionalmente, la salida fácil es refugiarse en la ira. Cuando nos enojamos con las personas que no están de acuerdo con nosotros acerca de política o religión, estoy llegando a pensar, lo que realmente nos enoja es el hecho de que nuestro relato no encaja en el universo en todas partes y siempre, y aquellos que no están de acuerdo con nosotros simplemente nos recuerdan ese hecho incómodo.

Muchos expertos, y muchas personas comunes y corrientes, también han comentado sobre el extraordinario nivel de ira que corre a través de Estados Unidos en estos días. Desde la radio a los debates políticos a las conversaciones cotidianas, el diálogo ha dado paso a la diatriba a través del espectro político. Es poco probable que sea una coincidencia que esto haya ocurrido durante un cuarto de siglo en que las grandes narrativas de los dos principales partidos políticos estadounidenses fallaron en la prueba de la realidad. Los años 60 y 70 vieron a los demócratas tener la ocasión de promulgar las reformas que quisieron; la década de 1980 y la primera década del siglo XXI vio a los republicanos tener la misma oportunidad. Ambos partidos se vieron obstaculizados por un universo que obstinadamente se negaba a comportarse de acuerdo a sus relatos y, con demasiada frecuencia, personas de ambos lados se volvieron hacia la ira y la búsqueda de chivos expiatorios como una forma de evitar tener que repensar sus ideas.

Ese hábito de la ira no nos ayudará, a nosotros ni a nadie, a medida que avanzamos hacia un futuro que promete dejar en ruinas la mayoría de los relatos familiares a nuestra cultura. A medida que nos enfrentamos a las desagradables realidades del agotamiento de los recursos, la inestabilidad ambiental y la inevitable resaca que viene pisando los talones de la embriaguez de décadas de nuestra ficticia economía, aferrarse a cualquier relato que nos atraiga puede ser emocionalmente reconfortante en el corto plazo, pero conduce a un callejón sin salida familiar para aquellos que estudian la historia de las civilizaciones extintas. Aprender otros relatos, y descubrir que es posible ver el mundo en más de una sola manera, es un camino más viable.

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John Michael Greer
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Publicado por

Diego Estin Geymonat

Docente de Historia y estudiante de Psicología. Montevideo, Uruguay.

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